domingo, 25 de enero de 2026

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Juegos Suramericanos 2026: ¿Inversión o espejismo?

Del 12 al 25 de abril de 2026, Panamá dejará de mirar los grandes eventos deportivos por televisión para convertirse en sede. Según el Comité Olímpico de Panamá, en esas dos semanas más de mil atletas juveniles llegarán de todo el continente para disputar los IV Juegos Suramericanos de la Juventud en 20 y tantas disciplinas, en lo que será el primer evento suramericano de cualquier categoría organizado por nuestro país.

No es poca cosa: por primera vez, la región vendrá a jugar a nuestra casa. Y eso obliga a hacerse la pregunta incómoda: ¿estamos ante un lujo pasajero o ante una inversión que puede cambiar la cultura deportiva del país?


La factura: millones sobre la mesa… y la promesa del retorno

El director general de Pandeportes, Miguel Ordóñez, ha sido claro con los números. Ha señalado que el presupuesto de los Juegos ronda los 24,6 millones de dólares, destinados a infraestructura y organización, y que el evento podría generar un retorno económico superior a los 75 millones de dólares gracias al movimiento de delegaciones, turismo y servicios durante las competencias.

Ordóñez también ha explicado que se espera la llegada de más de 2.000 atletas y 750 oficiales para competir en 23 disciplinas deportivas, cifras que convertirían a Panamá en epicentro del deporte juvenil suramericano por casi dos semanas.

A esto se suman los 7,8 millones de dólares que la Asamblea Nacional aprobó para reforzar obras deportivas y apoyar la organización de eventos internacionales, incluyendo estos Juegos. No es una cifra menor para un país que, año tras año, discute su presupuesto educativo y deportivo como si fuera un gasto superfluo y no una política de Estado.


Infraestructura: entre la vitrina internacional y el fantasma del “elefante blanco”

De acuerdo con Pandeportes, la infraestructura necesaria para los Juegos alcanzó un 81 % de avance a septiembre de 2025.SWI swissinfo.ch+1 El mapa de escenarios impresiona:

  • Ciudad Deportiva Irving Saladino como corazón del atletismo, fútbol, futsal, karate, flag football y deportes de combate.
  • El Centro de Alto Rendimiento en Juan Díaz, con el nuevo centro acuático, gimnasios y pistas especializadas.
  • La Cinta Costera y la Calzada de Amador para ciclismo, triatlón y baloncesto 3×3.
  • Y sedes independientes como el Club de Golf de Panamá, el Centro de Tenis Fred Maduro o Playa Venao, que albergará el surf.

Sobre el papel, es el sueño de cualquier deportista panameño: instalaciones de primer mundo, a minutos de casa. El riesgo, sin embargo, está a la vuelta de la esquina. América Latina está llena de ejemplos de estadios relucientes que, tras la ceremonia de clausura, se convierten en estructuras semivacías, caras de mantener y difíciles de justificar ante la ciudadanía.

La diferencia entre una vitrina internacional y un elefante blanco se decidirá en lo que pase después del 25 de abril. Si el Centro de Alto Rendimiento se convierte en laboratorio permanente de nuestras selecciones menores; si las pistas de atletismo se llenan de niños de San Miguelito, Don Bosco o Pacora; si Playa Venao consolida un circuito regional de surf, entonces los 24,6 millones dejarán de ser gasto para convertirse en inversión a largo plazo.


Más que medallas: la oportunidad de cambiar el relato

Las cifras de participación varían según la fuente: ODESUR y autoridades panameñas han hablado de entre 1.500 y más de 2.000 atletas, provenientes de 15 a 17 países de la región. Las diferencias técnicas importan poco frente a la idea central: serán miles de jóvenes de entre 14 y 17 años, todos en el momento exacto en que el deporte puede cambiarles la vida.

Para Panamá, la verdadera competencia no será solo el medallero. Será demostrar que podemos organizar un evento con estándares internacionales y, al mismo tiempo, cuidar la experiencia de esos chicos:

  • una Villa digna, segura y bien atendida;
  • transporte eficiente y puntual;
  • escenarios que funcionen, sin improvisaciones de último minuto;
  • y una afición que llene las gradas, no porque sea gratis, sino porque entiende que está viendo el futuro del deporte suramericano.

Si algo han demostrado los Juegos Suramericanos de la Juventud en Lima 2013, Santiago 2017 y Rosario 2022 es que, más allá de los resultados, estos eventos son una escuela acelerada de ciudadanía: convivencia, respeto, multiculturalidad y resiliencia se aprenden tanto como la técnica del deporte.


¿Y Panamá qué gana?

Más allá del impacto económico estimado —esos 75 millones de dólares de retorno que Pandeportes proyecta para la economía nacional, el país se juega tres capitales intangibles:

  1. Reputación
    Es la primera vez que Panamá organiza una cita suramericana de este calibre. Si el evento sale bien, abre la puerta a otros campeonatos continentales y mundiales; si sale mal, nos costará años volver a convencer a los organismos internacionales.
  2. Legado deportivo
    Los Juegos pueden marcar un antes y un después en la estructura de alto rendimiento: detección de talento, capacitación de entrenadores, ciencia aplicada al deporte. Pero solo si las federaciones y el Estado aprovechan el impulso y no dejan que todo se reduzca a dos semanas de fotos y discursos.
  3. Orgullo y narrativa de país
    Panamá está acostumbrada a hablar de canales, puertos y centros financieros. De pronto, durante dos semanas, podremos hablar de velocistas, judocas, surfistas y nadadores que compiten de igual a igual con Brasil, Argentina o Colombia. Esa imagen vale tanto como una campaña publicitaria bien producida.

Un examen de madurez

En abril de 2026 no solo se evaluará la velocidad de nuestros atletas, sino la capacidad del país para tomarse el deporte en serio.
Si los Juegos Suramericanos de la Juventud terminan siendo otra anécdota para el archivo de protocolo, habremos gastado millones en fuegos artificiales.

Pero si, como prometen las autoridades deportivas, las nuevas instalaciones permanecen abiertas, activas y al servicio de la niñez y la juventud; si los técnicos que hoy se forman para los Juegos siguen trabajando con nuestras selecciones; si de esta cita salen los futuros clasificados a París 2032 o Los Ángeles 2036, entonces podremos decir que en abril de 2026 no solo organizamos unos Juegos: empezamos a jugar en otra liga.

La pelota, nunca mejor dicho, está del lado de Panamá.

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